En contraste con la primera posguerra, a partir de 1945 la
reconstrucción fue acelerada y sostenida. A pesar de la amenaza de la carrera
armamentista en el orden bipolar, el mundo vivió un importante crecimiento
económico asociado con significativas transformaciones sociales y culturales.
A lo largo de los años dorados existieron tres escenarios
diferentes: el capitalista central, el comunista y el ex colonial que al calor
de las independencias constituyó el Tercer Mundo, relacionados entre sí en un
escenario internacional cargado de tensiones: la Guerra Fría. En este mundo, en
cierto sentido bipolar, las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión
Soviética, no llegaron a enfrentarse militarmente, pero hubo sangrientos
enfrentamientos en el ex mundo colonial. El emergente Tercer Mundo fue
atravesado por numerosas guerras relacionadas, en gran medida, con los procesos
de liberación nacional y los problemas asociados a la construcción de los
nuevos Estados nacionales, y en parte también, con la rivalidad entre
Washington y Moscú.
En las democracias capitalistas occidentales, la feliz experiencia
de los años dorados entrelazó los buenos resultados económicos basados en la
expansión de la producción industrial fordista con la creación del Estado de
bienestar, en parte, funcional al funcionamiento aceitado del capitalismo y, en
gran medida, expresión de un nuevo contrato social que reivindicó la justicia
social. El Estado de bienestar fue un nuevo modo de articular la organización y
las funciones de los organismos estatales con la trama de relaciones sociales y
dado que los principales países capitalistas ya tenían sus propias trayectorias
respecto a esta cuestión, hubo diferentes Estados de bienestar aunque todos
compartieron ciertos presupuestos básicos.
El campo comunista se amplió significativamente. Desde la Unión Soviética, la economía central planificada y el régimen de partido único se expandió hacia Europa del Este. A través de revoluciones propias el comunismo se consolidó en varios países asiáticos: China, Corea del Norte e Indochina y en Cuba, país vecino de Estados Unidos. La URSS nunca alcanzó el crecimiento económico del primer mundo ni su nivel de consumo, pero logró ser la segunda potencia mundial con la mayoría de su población alfabetizada, a pesar de dos guerras y de que los bolcheviques tomaron el poder en una sociedad campesina, material y culturalmente muy pobre.
El campo comunista se amplió significativamente. Desde la Unión Soviética, la economía central planificada y el régimen de partido único se expandió hacia Europa del Este. A través de revoluciones propias el comunismo se consolidó en varios países asiáticos: China, Corea del Norte e Indochina y en Cuba, país vecino de Estados Unidos. La URSS nunca alcanzó el crecimiento económico del primer mundo ni su nivel de consumo, pero logró ser la segunda potencia mundial con la mayoría de su población alfabetizada, a pesar de dos guerras y de que los bolcheviques tomaron el poder en una sociedad campesina, material y culturalmente muy pobre.
En los años cincuenta el Kremlin puso en marcha la revisión
crítica del estalinismo y este giro dio lugar al debilitamiento de los
dirigentes comunistas europeos y a la creación de movimientos de protesta
contra el orden soviético. En los años sesenta el bloque comunista se fracturó
a raíz de la ruptura entre China y la URSS.
La mayor parte de las colonias logró su independencia, algunas por vía pacífica, otras luego de años de guerras muy sangrientas. Los nuevos países afroasiáticos buscaron unirse, en primera instancia, para acelerar la descolonización y desactivar la Guerra Fría a través de la No Alineación con alguno de los bloques. En un segundo momento, en el que América Latina ganó presencia para cuestionar un orden económico mundial que frustraba sus expectativas de crecimiento económico y condiciones de vida más dignas.
La mayor parte de las colonias logró su independencia, algunas por vía pacífica, otras luego de años de guerras muy sangrientas. Los nuevos países afroasiáticos buscaron unirse, en primera instancia, para acelerar la descolonización y desactivar la Guerra Fría a través de la No Alineación con alguno de los bloques. En un segundo momento, en el que América Latina ganó presencia para cuestionar un orden económico mundial que frustraba sus expectativas de crecimiento económico y condiciones de vida más dignas.
Gran parte de los países coloniales que pasaron a ser Estados
soberanos aprobaron constituciones y recurrieron al sistema electoral para
legitimar sus gobiernos. Pero las restricciones a las libertades públicas, el
avasallamiento a los derechos de los ciudadanos y las adversas condiciones
sociales, económicas y culturales obstaculizaron, en la mayoría de los países,
la consolidación de esas democracias. La instauración de dictaduras y la
reiterada instrumentación de golpes militares fueron rasgos extendidos en el
Tercer Mundo.
Entre fines de los años sesenta y principios de la década de 1970
se combinaron, sin que fuera visible para los contemporáneos: los inicios de la
crisis global y una extendida oleada de protesta y movilizaciones sociales y
culturales. En cada ámbito, la explosión de los 68 tuvo su propia dinámica al
mismo tiempo que hubo rasgos claves compartidos. Desde los años setenta, el
crecimiento económico y la casi plena ocupación dejaron de ser los rasgos
distintivos de la economía capitalista central. La crisis del fordismo y el
resquebrajamiento del Estado de bienestar se entrelazaron con el agotamiento de
la expansión industrial y la crisis de la deuda externa en el Tercer Mundo y en
la década de 1980 se derrumbó el bloque soviético. Cuando la Guerra Fría llegó
a su fin, ganó terreno la idea de que empezaríamos a transitar un nuevo y
venturoso tiempo: el de la globalización capitalista.

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